El vendedor que salió corriendo

Hoy les voy a contar la historia del cliente vendedor que salió corriendo del banco al grito de «A mi no me hacen firmar nada!»

A ver que podemos aprender de esta situación…

Yo tenia una cliente, Gabriel, que estaba vendiendo su propiedad conmigo. Una vez que tuvimos el departamento reforzado salimos a buscar opciones para su próxima casa. Después de mucho mirar encontramos un lugarcito encantador en Arenales y Paraná, en el barrio de Recoleta. Edificio lindísimo, antiguo, un departamento con mucho potencial, bastante destruido pero con encanto.

Fue una negociación larga porque eran cuatro hermanos vendedores, un varón y tres mujeres, que no lograban ponerse de acuerdo.

Finalmente y después de varias ideas y vueltas llegamos a un número, gracias a la inmobiliaria que lo estaba comercializando, que debo decir trabajó muy bien en todo momento.

Hicimos una seña para reforzar la operación, dinero que quedó en manos de los vendedores (ese día los conocimos). Hasta acá todo fantástico.

Cuando llegó el día de la escritura nos hicieron esperar un rato, sentados en esas sillas incomodas de plástico duro que hay a veces en los bancos. Estabamos ansiosos por empezar, Gabriel con ese nervio lindo de «estoy por comprarme mi casa», cuando de pronto vemos que los vendedores empiezan a discutir entre ellos. Hablaban en voz baja al principio y no llegábamos a saber que estaba pasando. Una de las hermanas con mala cara, el varón visiblemente nervioso. Un sobrino (hijo de alguna de las mujeres) intervenía para tranquilizarlo. La charla fraternal empezó a acalorarse y yo miraba a la colega que no quería meterse en la situación…

En determinado momento el señor se da media vuelta y sale caminando rápido del banco y levantado la voz anuncia «A mi no me hacen firmar nada»

Pueden imaginarse el revuelo que se armó. Las hermanas se miraban atónitas, Gabriel estupefacto, yo intentando que la colega ataje a su cliente y lo tranquilice… (recordemos que este señor ya había recibido una seña por la venta de este departamento)

Por suerte el sobrino salió detrás de su tío y lo pudo tranquilizar. Al rato volvieron a entrar al banco ya con otra actitud, mas pacíficamente, y terminaron todos de hecho muy contentos firmando la escritura.

Hablando mas tarde con la colega me explicó que estos hermanos habían vivido de niños en ese departamento, lugar en el cual habían visto morir a su madre siendo aun pequeños… El señor necesitaba vender, pero el niño que había perdido a su madre no estaba listo para dejarlo ir. Ahí me cerraron muchas cosas sobre la negociación y sobre todo esto que había pasado.

Me pregunto, y les pregunto a ustedes, (si es que alguien se anima a comentar o contarnos alguna experiencia), si hay alguna forma de acompañar a la gente que quiere y necesita vender, pero le resulta difícil a nivel emocional.

Todas las propiedades están cargadas de sentimientos, TODAS. Habitar un lugar genera recuerdos, a veces buenos, a veces malos. Somos seres en los cuales las emociones tienen una fuerza increíble, capaz de lograr tantas cosas. Pero cuando esa fuerza lo que hace es frenarte, es muy difícil avanzar.

Como se podría evitar llegar a una situación así?

Yo estoy convencida de que gran parte de nuestro trabajo es el acompañamiento del cliente. Algunos necesitan mas, otros menos. Pero estoy segura de que el corretaje inmobiliario no es solo saber tasar bien y publicar bien una propiedad, o saber mostrar y ser agradable con el cliente. El corretaje tiene tanto de acompañamiento como de análisis del mercado.

Que opinan?


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